Hubo un tiempo en que el hombre no sabía nombrar el pecado.
Ni la falta, ni redención, ni límite. Solo habia hambre, fuerza, sexo, carne.
El animal era recurso.
La mujer, un trofeo.
El mundo, un festín.
No había altar, ni tefilá, ni miedo alguno.
Sólo dientes, gritos y fuego violento ...
Mientras que Hashem, viendo todo, esperaba y esperaba ...
Pero entonces vino el Diluvio.
Y en vez de barrerlo todo a las aguas del olvido, dejó algo.
Una arca.
Una promesa.
Un límite.
Pero hoy…


