Hubo un tiempo en que el hombre no sabía nombrar el pecado.
Ni la falta, ni redención, ni límite. Solo habia hambre, fuerza, sexo, carne.
El animal era recurso.
La mujer, un trofeo.
El mundo, un festín.
No había altar, ni tefilá, ni miedo alguno.
Sólo dientes, gritos y fuego violento ...
Mientras que Hashem, viendo todo, esperaba y esperaba ...
Pero entonces vino el Diluvio.
Y en vez de barrerlo todo a las aguas del olvido, dejó algo.
Una arca.
Una promesa.
Un límite.
Pero hoy…
En el Hoy, este hombre vuelve a olvidar, porque ya:
Bebé leche cruda, no por salud, sino por ritual primitivo.
Hierbas como parodia vegetariana...
Se lame las heridas con orgullo, como perro que renuncia a su alma.
Habla de libertad mientras se ata con collares de látex.
Dice “tribu”, pero quiere orgía.
Dice "amor animal”, pero renuncia a ser imagen de Dios.
Sumado que sonríe, porque no siente vergüenza de "ser libre"
Ya no hay sangre en las manos, solo clicks en la pantalla.
Ya no hay altar, solo carne asada mediante hashtags.
Ya no hay Noaj… sólo influencers con orejas de lobo.
La barbarie ha vuelto, no con garrote, sino con filtro # y fetiche por peluche..
Un hombre/a que ya no se arrastra por necesidad, sino por ideología del viento propagandístico de turno ...
Y Hashem, otra vez, espera que te espera ...
Pero esta vez, sin necesidad de agua. Porque ya quemó ese cartucho, quedan los otros elementos para acabar con la creación errada,
Porque esta vez el fuego vendrá de dentro.
Desde un alma que decidió dejar de ser humana,
Voluntariamente.
Orgullosamente.
Irónicamente.
Vuelve al Océano de almas, a la oscuridad primordial ...
Israel Ben Yosef
Autor de BenYosef.es

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