Navegando por Instagram se me apareció una imagen muy apropiada para comprender el problema que surge con el Baal de Hierro. Ese Estado omnipotente y militarista que asoma como solución fuerte a los problemas que el Becerro de Oro trae y contra el que medio mundo luchó, buscando respuesta en el socialismo.
Muchas personas sienten como una amenaza latente las pulsiones del planeta rojo que habita en todos, independientemente del género, raza, religión y ubicación. Cuando el dios de la guerra se manifiesta en los hombres, las acciones más terribles y eventos irreparables pueden surgir cuando su obrar está desbocado.
La Akedá de Isaac nos enseña que el cuchillo debe tener un propósito. Por eso encuentro sumamente irónico que quienes viven conforme a la Torá se olviden del segundo patriarca y de las órdenes de Hashem sobre el uso de la espada por parte de Israel y sus élites. (Shemot 32:26–27)
Porque rechazar al Baal militarista no significa rechazar el hierro. La Torá nunca exigió al hombre convertirse en una oveja para demostrar que confía en Hashem. Israel tuvo guerreros, murallas, reyes, jueces y ejércitos. David no derrotó a Goliat abrazándolo y diciéndole que las humanidades son construcciones sociales. Primero afirmó de dónde procedía la victoria y después le abrió la cabeza sin dudarlo.
El grave problema marcial que padece Occidente parece miniaturizado en estos “neolevitas” que se quejan de por qué existen las murallas, las espadas, las normas, los tribunales… Porque justamente de esto surge el Baal de Hierro, Estado devorador, al que tanto ucranianos, rusos, israelíes y árabes tienen que ofrecer a sus hijos en sacrificio para la “victoria” por las armas, siendo la sangre del pobre la que literalmente pone la sangre en el Risk geopolítico.
Por eso es necesario hacer el replanteo conforme a nuestra raya maestra, la Torá:
Un ejército es un trazo de esta.Una frontera es un trazo de esta.Un Merkava es un trazo de esta.El Mossad es un trazo de esta.
Porque toda raya en el plano de obra sirve para edificar algo. Por eso el hierro puede servir a Israel y a las naciones goyim. Pero el problema surge cuando Israel comienza a explicar su propia existencia exclusivamente mediante esas herramientas: “sobrevivimos porque somos fuertes”, “nadie volverá a tocarnos porque tenemos el mejor ejército”, “nuestra seguridad depende de nuestra superioridad tecnológica”… ¡Shalom, astrología!
Porque cuando el instrumento para delimitar asciende hasta convertirse en cimiento nacional, surge el problema. También cabe recordar que las leyes noájidas obligan a todas las naciones a establecer tribunales y jueces competentes; básicamente, estructuras de Estado. Luego, a nivel personal, la propia dureza de la vida nos enseña que mediante abracitos nadie rectifica ni cambia porque sí. Es más, Israel es pueblo de dura cerviz; ¡ni digamos el granito goyim!
Quienes sobrevivieron a la guerra civil europea tenían razones de sobra para temer a Marte: lo vieron desbocado arrasar el Viejo Mundo hace casi un siglo. El problema comienza cuando el trauma de los abuelos se convierte en doctrina política de los nietos y la paz deja de ser algo que defender para convertirse en incapacidad de hacerlo. En la lucha por la hegemonía mundial entre Eurasia y Occidente, semejante debilidad constituye un terreno magnífico para la propaganda antimilitarista del adversario.
Siendo concretos, lo ocurrido recientemente en Ceuta, España, es la versión mini del proceso que padece toda Europa Occidental. El “poner la otra mejilla” en su máxima expresión.
Pero el problema de fondo no es solamente geopolítico. Es una determinada concepción de la seguridad: creer que podemos eliminar la violencia suprimiendo sus instrumentos o delegando su ejercicio en otro. Y aquí regresamos a nuestros "neolevitas" de la portada.
Entonces, lo paradójico e irónico es que quienes se supone que buscan una coherencia teológica máxima acorde con la Torá al criticar las acciones de un Estado (nada que objetar, al contrario indica "buena salud democrática") a la vez se benefician de este. Pero reflexione el lector un momento: ¿qué impide realmente que mañana un desconocido saque un cuchillo en plena calle y te raje el canal?
Ni la IA, ni las cámaras, ni la vigilancia 24/7 pueden garantizar que ese cuchillo de cocina, asignado por el cielo, no termine cayendo sobre un desafortunado cuerpo que salda hoy una deuda ocasionada en el ayer...
"Ponga cada hombre su espada sobre su muslo"(Shemot 32:27).

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