22/9/26

Putos africanos



Naturalmente, la Fiscalía del Odio y los amigos del candado ajeno pudieran encontrar un delicioso titular para llevar al autor directo al tribunal… Porque posiblemente un bosquimano olvidado se pudiera sentir ofendidito según la opinión de un puto Ario™ blanco, occidental mientras se toma su latte en el estorbas de turno leyendo el último artículo de Israel Ben Yosef.


Porque, casualmente, mi persona es posiblemente de esa clase de individuos que rompe con los tópicos cómodos que sirven para domesticar a los disidentes frente a los poderosos. (Con ayuda de Hashem of course) Ya que hoy por hoy decir "negro" parece que es tarjeta amarilla…  Mientras que juntar MILF y Europa es obscenidad geopolítica, demasiado pedagógica...

Porque yo también soy ese puto africano de mierda, con la boca llena de moscas que zumban verdades de mal gusto para reflejar una realidad que muchos no pueden aceptar. Porque resulta sumamente divertido defender categorías étnico-nacionales cuando la propia sangre del individuo revienta las casillas del Risk geopolítico que te enseñan en la escuela. Who is white?

Por eso, vayamos al grano moreno: cuando intenté emigrar a Rusia después de estudiar ruso durante tres años, tuve que pagar visados, registrar mi residencia y conseguir un permiso para quedarme. Para Dimitri, el funcionario ruso de turno, yo era simplemente un extranjero con pasaporte europeo, un potencial Западный шпион; y, por cierto, conocí a unos cuantos, aunque ninguno necesitó presentarse como tal con traje, corbata y ray ban.

Entonces, ¿por qué ciertos africanos que tenemos que cumplir todo ese ceremonial cuando viajamos a otros países, pero cuando los no europeos vienen a Europa parece que solo deben hacerlo quienes llegan en avión? Ni mencionar el concepto de visado turístico es ya un chiste de mal gusto, porque el merodear desconocidos por nuestros hogares o ajenos se convirtió en identidad y derecho humano contemporáneo.

Por eso, recordar la existencia de ciudades secretas o todavía virginales tendrá cierto sabor soviético o asiático, pero encierra una verdad incómoda: también entre urbes, los muslos cerrados conservan mejor la bendición que las puertas abiertas de par en par.

Al igual que cada cuerpo es una nación, parece que cierta puerta de España se desgarró recientemente en Ceuta. Mas resulta irónico que se refuerce con guardias civiles españoles la frontera situada a miles de kilómetros para proteger un territorio "en donde tomar una cerveza está prohibido y el sexo anal puede ser delito penal", no vaya a ser que algún judío etíope pretenda cruzarla y convivir con gentes de otro color teológico sin necesidad de visado, como sí podría hacerlo entrando irregularmente en Ceuta.

Porque en el caso de este judío etíope la incoherencia sería máxima. Porque si este negro entrase irregularmente en Ceuta, sería presentado como africano vulnerable; pero si hiciera exactamente lo mismo en Palestina, pasaría a ser colono judío, invasor y nazi; de regalo.

Porque existe todo un catecismo político-moral que no juzga los actos, sino la raza y la bandera de quien los comete. El hombre, la piel y el acto serían exactamente los mismos: únicamente cambiaría el altar político ante el cual debe comparecer. Y con él, milagrosamente, el pecado.

Así es que resulta paradójico que el Gobierno de España recientemente aumente el despliegue de la Guardia Civil en el paso de Rafah para colaborar con la Autoridad Palestina en la gestión controlada de aquella frontera, mientras en Ceuta el simple hecho de pronunciar la palabra "frontera" debe pasar antes por el confesionario humanitario. Un mismo acto recibe dos bautismos morales: en Rafah es estabilidad y cooperación; en Ceuta, un brote de xenofobia. 

Lo que pasa es que se pasó de Unión Europea a Unión Planetaria, sin cambiar de bandera, de eslogan ni mandar siquiera una notificación al móvil para su correspondiente inoculación experimental. Por eso mi asombro es monumental: porque para ser algo es necesario poseer unos límites que contengan ese algo y lo distingan de aquello que no es.

Y ese algo era precisamente Europa: un territorio "secreto", delimitado y destinado a irradiar su luz sobre el resto de las naciones. Pero al derribar sus límites dejó de ser una forma civilizatoria para convertirse en un vertedero demográfico donde otras naciones descargan sus problemas y del que el capital saquea mano de obra barata; siendo Ishmael, mi primo bárbaro, el primero en machacar a mi hermano Esav occidental.

Porque cuando un algo renuncia a sus límites no se vuelve universal: deja, sencillamente, de ser algo. Una casa sin puerta no acoge al mundo; deja de ser casa. Y una Europa incapaz de distinguir entre invitado, extranjero e intruso tampoco se vuelve más humana: solamente se queda sin nombre, sin dueño y con el candado puesto por otros.



NOTA HUMANITARIA OBLIGATORIA

Si este artículo le ha ofendido en nombre de algún bosquimano olvidado, puede transformar inmediatamente su superioridad moral en materia tangible y donar a Survival International, organización que defiende los derechos de los pueblos indígenas, incluidos los bosquimanos del Kalahari, ya que sufren parecido problema con diferente color de piel y civilización ...

El autor ya ha aportado el titular y su afiliación, ahora le corresponde al lector aportar el dinero.



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