29/7/26

A buenos tiempos buenas orgías

 



Hubo un tiempo en que la Torá aún no estaba materializada (jas veshalom) y las mujeres sedujeron a los Ángeles, y estos engendraron hombres poderosos que gobernaron la tierra por la fuerza de los puños. Hombres de renombre menciona la Torá, pero no se dan nombres… No vaya a ser que alguien quiera invocarlos.


Porque los hijos de las orgías parecen olvidados con el paso de los tiempos, siendo los de puta bien recordados. Nunca deja de asombrarme el imaginario del hombre, que se provoca ciertos vacíos selectivos, siendo el tiempo y la memoria saturninos. Entonces, ¿por qué pensamos que, hoy por hoy, en los albores de los tiempos de los Nombres de Renombre, la monogamia era lo normal? ¿O acaso no había una buena orgía para darle alegría a la vida?

Claro que sí… Meter, sacar, vuelta, media, invertido, Lupin y un tobogán completo: diez minutos para los más vigorosos y treinta segundos para sacar la carcajada al lector; previa penetración de toro vigoroso, shemental.

Porque lo que parece una risa comienza con gracia y sonrisa: permite dilatar lo que se presupone que debe ser la naturaleza humana de ella, suave, dulce, cooperativaExactamente como no hay que hacer una buena follada, porque es la letra Pe la que desea ser labrada por una gueburá que reclama pacto, compromiso y tikún; pues, ciertamente, como en el cielo, también en la tierra hay lugares bien malos.

Esa lucha darwiniana por la existencia, un darwinismo espiritual, donde “la supervivencia del más fuerte” pretende explicar un impulso que va más allá de la astrología horizontal y de la fuerza de la espada. Hermoso y bello es fornicar; más bello es materializar la obra.

Por eso, entendido lo tiene el Arquitecto que con sus piernas abre la zanja, penetra la tierra, buscando en ella estrellas que desean ser invocadas para darles nombre. Siendo esto cada vez más extraño y confuso para quienes están más versados en los Kamasutras que en los Maestros de Torá.

Porque es la palabra la que da forma a la herencia: la que, al darle nombre, determina el mañana y convierte el buen sexo en realidad factible, una semilla fruto del deseo de obra.

Muchos pueblos  olvidaron para qué follar a medida que descubrían posturas, formas y lugares donde eyacular; surgieron propósitos extraños y retos a resolver por almas que ni siquiera su propio padre anhelaría invocar, pero con un tikún pendiente que reclama responsabilidad.

Por eso llegó ese tiempo en que la Torá tuvo que bajar: no por desconocimiento del saber del cielo previo, llamado hoy Cábala, sino por no entender qué tikún trae tal conocimiento y tal responsabilidad. Más esta estaba velada para los Bene Elohim frente a los Bene Israel, siendo la elección de Dios diseño propio, Israel frente a las naciones.

Porque nada fácil es escaparse del mazal del cielo, que a muchos se les niega mostrarse para no traicionar el tikún asignado. Luego no es debate entender si nos gusta la gravedad o la flotación: es entender hacia dónde vamos a viajar como pueblo, como libro y como capital.

El nacer con la "mesa puesta" es jugar con ventaja; pero, a valor de tikún con Hashem, el baal teshuvá juega en otra liga que ningún tzadik puede eclipsar. Es más: el propio Moshé no surge de la santidad precisamente, como oculta su apodo; uno surgido de las "aguas astrales”, heredero de un trono como potencial príncipe egipcio. Más Hashem tenía otro plan para ese "viejo macarra montado en auriga, mata kushitas y asesino de un funcionario estatal." Este logra, a sus ochenta años el tránsito que le libera y toma consciencia del dolor del prójimo y de la totalidad del balance de tikún: deudas, adeudos, ofrendas y robos de su pueblo …

Dando así origen al judaísmo: nombre que no se toma del de Moshe, el legislador; ni siquiera el de Israel, El Patriarca del Combate. Se toma el nombre de su hijo Yehudá: aquel que es enviado por delante a Egipto para fundar la casa de estudio desde la cual saldría enseñanza, la yeshivá.

Luego ese Yehudá sobrevivirá al resto de hermanos, que como cascotes de obra que deben ser recogidos para la reconstrucción del Templo de Jerusalem y dar nombre al pueblo de Israel. Siendo la Torah un relato que aparenta del pasado pero que es un presente continuo que fuerza al mañana a materializarse en su origen,.

Por eso, el llamado “culto judío” no es culto ni religión, sino observación y dirección: una disciplina que pretende alinear sangre, cielo y tierra bajo el Nombre que se oculta incluso detrás de Israel: YHVH.

Porque no importa si eres hijo de una orgía, hijo de puta o hijo adoptivo de Faraón: el mazal recibido no determina el Nombre que has de merecer. Lo que importa es si, llegado tu tránsito, eres capaz de preparar la casa donde otro pueda estudiar el pacto. Por eso Abraham tuvo hijos por millares, de sangre y de espíritu, porque su hogar era una yeshivá: no un simple edificio de telas, cuerdas y palos, sino el lugar que un hombre prepara en sí mismo para que la herencia no termine en él. Porque el “elige la vida” no es un consejo sentimental, sino una orden de Hashem al hombre.

“He puesto delante de ti la vida y la muerte, la bendición y la maldición; escoge, pues, la vida, para que vivas tú y tu descendencia.”
                            Devarim 30:19


Dedicado a mi Primogénito, Ariano.




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