26/6/26

Cuando la luna de Ishmael olvido el Sol de Israel

 


Cuando hablamos del Islam, debemos mirar desde los ojos de sus propios seguidores: almas atrapadas entre lo que ordena la ley del profeta y lo que es correcto ante Allah. Desde su origen, Mahoma impuso una religión que no se transmite por la palabra sino por la cimitarra, por lo que su fe se convirtió en una conquista más que en una búsqueda espiritual.


El esplendor de la luna creciente duró lo mismo que la luz de Israel en aquellas tierras, antiguamente habitadas por semitas, y hoy por pueblos que poco comparten con los hijos de Ishmael y aún menos con los de Israel. La transformación étnica fue proporcional al proselitismo de la cimitarra: a fuerza de sangre, el Islam se volvió una mezcla de razas que rezan igual, pero no sienten igual. Así nació el Islam negro, que amenaza al Islam semita paradoja racial que los divide incluso en la oración.

Bajo su media luna conviven hebreos perdidos, turcos, africanos y cananeos: todos llamando al mismo dios, todos reclamando la autenticidad del Islam. Pero en realidad solo existe el Islam verdadero frente a sus versiones diluidas, esas “marcas blancas” que se arrodillan ante Occidente creyendo que progreso y decadencia son lo mismo. En el cáncer de Babel que vivimos, los musulmanes modernos se sienten atraídos por esa luz falsa, porque su fe no les permite la transformación interior que solo el judaísmo alcanza a través de la Cabalá, el arte divino de descifrar el código del alma.

No hay equivalente teológico en otros credos. Lo que la Cabalá muestra, es la estructura secreta entre letras y mundo. Un saber egipcio que la Torah custodia y libera solo a quien la estudia con fuego. El pergamino llamado Torah es una llave astral, no un librito cualquiera...

Por eso, mientras los cristianos abrazan errores teológicos absurdos: ¿Como creer que un hombre crucificado puede ser un dios? WTF Los mahometanos mantienen claridad de que Allah es el mismo Dios de Israel. Pero el problema reside que para ellos, abandonar el Islam es traicionar su raíz, y su orgullo los ata a una fe que ya no respira. Ninguno se atreve a cuestionar porque su teología, que no permite la posibilidad de que Allah quiera conocerse a Sí mismo a través de cada persona

Porque esto se logra mediante el entendimiento y comprensión de la carta natal que esconde el mapa del alma, cuyo diseño permite saber el porqué de las cosas en su justo momento, anulando lo que se conoce como "libertad de elección", astrológicamente el juego ya está planeado solo que tu decides como sentirlo. Pero siendo franco las cartas natales extraordinarias son raras; la mayoría son basura astral como la vida misma...

Y así, el musulmán que hoy huye a Occidente descubre un mundo donde a nadie le importa su credo. Allí no convence a nadie ni se convence a sí mismo. Sólo sobrevive porque Esav, el sistema occidental, lo tolera como curiosidad o mano de obra. El conquistador de ayer es hoy conquistado con sonrisa burocrática y abrazado por sus más fieles seguidores del Sistema.

Por eso surge un fenómeno incómodo, donde el nuevo musulmán, el que ya come cerdo, el que olvida sus plegarias porque nadie le exige rezar ni tener hijos! Y en ese vacío, el Islam se evapora como se evaporó el alma de Occidente.

Concluyendo es que el musulmán sincero no necesita romper con su origen, sino purificarlo. El pacto de Noah no pide abandonar la luna, sino recordar el sol que la ilumina. Quien reconoce a Hashem sin intermediarios ya ha cumplido con el propósito que Mahoma sólo vislumbró. Porque antes de Abraham, ya existía Noaj, y antes de toda espada, estaba la palabra.”

Por eso solo Israel permanece en el tiempo, porque su vínculo con Hashem es de afinidad de alma, no de imposición ni de miedo económico o militar. Es por pura astrología, así de claro.


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