Muchas personas han escuchado o visto los campos de concentración, alemanes, soviéticos, británicos ... El encerrar al prójimo u extranjero no es raro en la naturaleza del hombre. Las deudas contraídas y rectificaciones presentes no siempre son fáciles de entender y aceptar. Pero joder, Holanda.
Holanda no es un sistema fallido. Al contrario: es un sistema "perfectamente" ejecutado. Sin duda digno de ser observado. Su funcionamiento no depende de grandes discursos ideológicos, sino de una estructura cerrada donde cada pieza cumple su función con una precisión casi quirúrgica, o mejor dicho Orwelliana.
La claves para el control de campo de concentración son estas:
El acceso a la vivienda, el mercado laboral y la regulación urbana no operan como elementos independientes, sino como partes de un mismo mecanismo. El individuo no queda excluido, pero tampoco dispone de margen real para alterar su posición dentro del sistema. Puede integrarse, puede mantenerse, pero difícilmente puede expandirse. Consume hasta consumirse. Natalidad ausente. Eutanasia normalizada.
Sin duda, las “libertades” del país más bajo del mundo compiten con otras geografías en términos de perversión moral. Pero dejando a un lado esas capas más amorales, lo relevante es la estructura. Yo, viniendo de Rusia, la comparación resulta interesante: el sistema soviético, con todas sus limitaciones, mostraba al menos una narrativa de cuidado del cuerpo como valor colectivo. En Holanda, en cambio, ciertos elementos como la calle roja o el consumo de drogas funcionan como enseña de identidad, marca-país ...
Esto No es libertad estructural, es escape funcional o mejor dicho disfuncional ...
El paralelismo real con el modelo soviético no está en la estética, sino en la lógica: resolver el problema inmediato de alojamiento y estabilidad al coste de reducir progresivamente el espacio vital del individuo como agente transformador. La vivienda deja de ser un punto de partida para construir futuro y pasa a ser un contenedor funcional dentro de un equilibrio mayor, un de suma cero.
La estructura holandesa no lleva al colapso, sino la continuidad. Ya que es un entorno limpio, ordenado y previsible, donde el conflicto se diluye y la movilidad estructural es excepcional. No es un sistema que expulse, sino que te disuelve. Cuyo mecanismo es obscenamente simple: placer inmediato y subsistencia garantizada.
Una combinación lo suficientemente eficaz como para anestesiar al individuo medio sin necesidad de violencia.El país del mundo feliz de Aldous Huxley
Israel Ben Yosef
Autor de BenYosef.es

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